La encrucijada a la que estuvo sometido Macri a la
hora de hacer los anuncios respectivos a este Impuesto, podría decirse que se
asemeja al gobierno anterior: ceder recursos tributarios o maquillar un anuncio
para que parezca que el beneficio es el mejor de los últimos años y que resulta
insuperable.
No obstante, la realidad a veces es tirana y de
ella no se puede escapar. Es que, calculadora en mano, cae de maduro que no hay
mucho para festejar tras las reformas que fueran informadas en Casa Rosada.
En definitiva, este anuncio macrista no sólo se
pareció al estilo K por la manera en que se lo comunicó sino también por cierta
"picardía" respecto de cuál sería el beneficio real y el costo para
el Estado.
Lo cierto es que ninguno de los actuales aportantes
de Ganancias tendrá una mejora del 22% que resulte sostenible durante todo el
año.
Y que, además, el sacrificio fiscal no será el que
informó el titular de la AFIP, Alberto Abad, dado que habrá una serie de
"ingresos no declarados" por el funcionario que terminarán por minimizar
el esfuerzo financiero del Gobierno.
Es importante tener en
cuenta que para que exista un verdadero alivio en los bolsillos de los
empleados eran necesarias dos modificaciones:
-Elevar el piso a partir
del cual comienzan a pagar las personas.
-Ajustar las escalas que
determinan la alícuota a la que deben hacerlo.
Un día después del anuncio del aumento en las
deducciones, el Presidente
afirmó que la reforma de las escalas tendrá que
esperar hasta el año que viene. Con ese gesto, dejó la sensación de que, si bien los cambios realizados eran
necesarios no resultan suficientes.
Por último, no hay que olvidar que muchos de los
que fueron beneficiados con la exención dispuesta por el decreto 1242 (es
decir, aquellos que ganaban menos de $15.000 brutos entre enero y agosto de
2013) podrán volver a quedar alcanzados.
En definitiva, lejos de ser una mejora, el anuncio
no sólo hará que la carga tributaria no se aligere, sino que también provocará que más gente sea la que termine
en la órbita de Ganancias y sufra los descuentos impositivos todos los meses.
La importancia de ajustar las
escalas
"El año que viene, después de un largo debate,
habrá que trabajar sobre el tema de las escalas, que es la otra cosa que no
funciona bien". Con estas palabras, Macri confirmó que el "tema"
tendrá que esperar hasta el 2017.
Este no es un detalle menor. Sin el ajuste, los
empleados que enfrentan el gravamen no podrán quitarse el dolor de cabeza que
se les generó durante el kirchnerismo, ya que seguirá siendo muy fácil estar
alcanzado por las alícuotas más altas del impuesto.
Por ejemplo, los solteros que superan por $1.200 el
piso (es decir, que gana $20.080 netos) no pagarán la tasa más baja (9%), sino
la siguiente (que es del 14%).
Con un sueldo de $2.000 por encima de los $18.880,
ya estarían tributando al 19 por ciento.
Si las diferencias con el salario mínimo exceden
los $5.000 o $9.500 -es decir, que los sueldos de bolsillo son de $23.880 y
$28.380-, las alícuotas con las que estaría alcanzado este trabajador serían
del 27% y 35% respectivamente.
Esto no es exclusivo de los solteros. Lo mismo se
repite con los casados con dos hijos.
Incluso, los que fueron beneficiados con el nuevo
piso del impuesto y bajaron de escala (y, por ende, redujeron la alícuota)
podrán volver al mismo lugar de partida una vez recibidos los incrementos que
se pacten en paritarias.
Durante la conferencia de prensa que brindó el
titular de la AFIP, Alberto Abad, se expresó que con las nuevas medidas se
generaría un alivio de entre el 8 y el 20 por ciento en los bolsillos de los
solteros y del 10 al 22 por ciento en el de los casados con dos hijos.
Claro que el Administrador Federal se
"olvidó" de considerar un detalle: el incremento salarial que podrán
recibir los empleados luego de las paritarias. Ocurre que esto elevará también
el monto que quede sujeto al impuesto.
Una vez más, el gravamen terminará reduciendo el
porcentaje acordado en las negociaciones.
Esto es así porque una suba del 20% llevaría su
sueldo a $31.872, pero el impuesto le consumiría $3.509 todos los meses. Si se
tiene en cuenta que hoy en día, luego del descuento del tributo, este empleado
cobra $24.848, el verdadero aumento que reciba será menor.
Lo mismo sucederá con un casado con dos hijos que
cobra $37.350 en la actualidad. El impacto de una suba del 20% será, en
realidad, del 14 por ciento.
Pero hay un detalle más. En el primer caso, al
soltero se les retenía por el tributo $4.118 antes de elevar el piso. Tras los
cambios, esa cifra bajaba abruptamente un 96% (sólo $181).
En el segundo caso, el casado con dos hijos que
tenga los ingresos informados más arriba pasará de $8.675 a $3.284 con un
alivio informado del 62 por ciento. No obstante, luego de las paritarias, el
porcentaje que verdaderamente dejará de pagar será del 32 por ciento.
Dicho de otra manera: si bien los casos que fueron
tomados como ejemplo por el Gobierno están bien calculados para demostrar la
mejora que representa en los bolsillos la suba del piso del impuesto, lo cierto
es que la carga fiscal terminará siendo mayor apenas se conozcan los resultados
de las negociaciones salariales.
Es difícil pensar que, con
la medida anunciada, el Ejecutivo vaya a resignar recaudar $49.000 millones por
el gravamen. Más si se tiene en cuenta que habrá un mayor número de empleados
alcanzados y que, tras las paritarias, la diferencia entre lo que pagaban antes
y lo que deberán enfrentar no será tan grande.
Alberto Abad dijo el jueves pasado que
"reparar injusticias es caro". Lo que no aclaró fue quién iba a
terminar pagando la factura por los platos rotos. ¿Será el Gobierno o los
empleados alcanzados por Ganancias?
Fuente: www.iprofesional.com
Fuente: www.iprofesional.com
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